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Después de los primeros siglos de
vida colonial es desplazada la pobreza y austeridad franciscana
y los templos en poder de los frailes a ser regidos por obispo:
altas torres construyeron los primeros campanarios. El siglo
XVII fue pródigo en construcción colonial ya
que se edificaron los templos de San Juan, Candelaria, Santa
Ana y Santa Lucia. En el siglo XVIII se eligió la parroquia
de San Servacio. Montejo miraba con orgullo la prosperidad
de Valladolid y adivinó su futura grandeza,
pero con pesar veía las rivalidades que suscitaban
entre los hidalgos de la tierra y los franciscanos. Esto se
debió a que los franciscanos, con el pretexto de evangelizar
a los indios, obligaban a éstos a abandonar los pueblos
de encomienda para trasladarse a sitios próximos a
sus conventos. Y eran tan firmes, que si los indios se mostraban
renuentes en ir, les prendían fuego a sus casas. Los
conquistadores tenían que librar muy difícil
batalla con los franciscanos, ya que estos actuaban bajo potestad
divina; por lo tanto, disputar con los religiosos era incurrir
en pecado de herejía.
EL
CRIMEN DE LOS ALCALDES
Desgraciadamente,
éstas rivalidades no solo existieron entre los frailes
y encomenderos, sino también entre autoridades políticas
como lo ilustra el episodio conocido en los canales yucatecos
como el "crimen de los alcaldes de Valladolid",
que a continuación sintetizaremos. A fines del siglo
XVII el gobernador de la provincia don Martín de Urzua
y Arismendi, por recomendaciones de un muy cordial amigo el
obispo Don Pedro de los Reyes Ríos, envió a
Valladolid con caracteres de capitán general al señor
Fernando Hipólito Osorno, personaje de alta alcurnia
española y quien se consideraba muy superior por su
grado militar. Osorno tenía el carácter un poco
violento y un trato muy caballeroso. Era bastante enamorado
y uno de sus romances se vio involucrado con la novia del
alfarés mayor de la villa, Don Miguel de Ruiz Ayuso. Este
no hizo nada al respecto y prefirió esperar una buena
oportunidad para eliminar a su rival. La actitud del capitán
origina disgustos aun entre las propias autoridades. La noticia
llega al gobernador de la provincia, quien poco pudo hacer,
por la amistad y recomendación del obispo. Cuando ocupó
la alcaldía y presidencia del alcalde Osorno cometió
muchas irregularidades y poco a poco perdió sus fuerzas
debido a que el gobernador había quebrantado su amistad
con el obispo. Según la crónica, en cierta ocasión
cuando don Fernando se encontraba ausente de la ciudad, el
alcalde segundo mandó poner preso a uno de los amigos
de Osorno y al retornar este, quiso, infructuosamente, liberar
a su compañero. Al poco tiempo fue destituido de su
cargo por orden del gobernador previa asamblea del cabildo.
En aquella asamblea Osorno trató de justificarse de
los "falsos" que se decían en su contra.
Todos callaban hasta que un capitán dijo: "A
éste señor no le mandan más que obedezca
lo que ordena mi gobernador" a lo que Osorno contestó
con una bofetada al capitán. Cuando el gobernador Urzua
se enteró de esto, ordenó la detención
del alcalde destituido. Gabriel Covarrubias, amigo de Osorno
que había escapado de la cárcel y que se había
ocultado en la iglesia parroquial, escribía a Osorno
exhortándolo a escapar también y acoger el derecho
de asilo en el templo. Un día logró huir de
la prisión y fue a refugiarse en la parroquia. En enero
de 1703 los señores Miguel Ruiz de Ayuso y Fernando
Tovar fueron electos a alcalde primero y alcalde segundo de
la villa. Estos dos personajes eran enemigos acérrimos
de Osorno, lo que agravó la situación del ex
alcalde. Así la noche del 5 de julio de este año
las autoridades llenaron el templo parroquial y sacaron a
los dos prófugos. Covarrubias llegó muerto a
la cárcel debido a las heridas que le habían
causado; Osorno, por su parte, fue golpeado hasta que murió.
Ambos fueron colgados en las ventanas de sus celdas. Las autoridades,
para justificar su conducta, levantaron las actas del hecho.
Sin embargo el gobernador Urzua mandó detener a Ayuso
y Tovar, previas investigaciones. El caso toma tales proporciones
que al enterarse del suceso, el virrey ordenó la separación
de su cargo del gobernador a Urzua, considerándolo
cómplice de aquellos crímenes. Los ex alcaldes
Ayuso y Tovar fueron sentenciados a la pena de muerte y ahorcados
el 28 de mayo de 1705. Este episodio, además de singular,
adquirió relevancia para la vida histórica de
Valladolid debido a que, por órdenes del obispo
Reyes de Ríos, fue demolida la iglesia Parroquial de
San Servacio, profanada por las autoridades civiles para sacar
de ahí al ex alcalde prófugo.
LA GUERRA DE CASTAS
Este
episodio trágico de la historia de Valladolid
ocurrió a unos cuantos meses de cumplir 25 años
de haber sido elevado a la categoría de ciudad (13
de diciembre de 1823), el 18 de julio de 1847. La principal
causa que originó esta guerra fue el cansancio de los
indios de ser oprimidos y sojuzgados por los grandes hacendados
y de llevar una vida precaria llena de necesidades. Valladolid
es otra vez el centro hacia donde convergen fuerzas enemigas,
en esta ocasión compuesta por millares de indios. Durante
Enero de 1848 cayeron en manos rebeldes las poblaciones que
rodean Valladolid: Chichimila, Tekom, Kanxoc, etc. El día
19 los sublevados ya estaban en las afueras de la ciudad;
se inicia entonces la gran batalla por Valladolid, que habría
de durar dos meses. Victoriano Rivero, Angel Rosado y Miguel
Bolio realizaron prodigios de valor y se multiplicaron en
los combates diarios. Realizaban salidas al frente de grupos
de cien y doscientos hombres y trataban de romper el cerco.
La mayor parte de las veces retornaba a las primeras horas
de la tarde, con numerosas bajas, tras estrellarse con un
muro de mas de 15000 hombres que rodean la ciudad. Solo los
caminos de Pixoy y de Espita permanecían libres, marcando
los atacantes de esta manera la ruta a seguir de sus víctimas.
La población llena de angustias pasaba las noches en
vela reunida en la plaza frente a la iglesia y ahí
mismo imploraban día y noche el auxilio divino bajo
la guía del presbítero don Manuel Sierra o Reilly.
Los indígenas lograron llegar a unas cuadras del centro,
hasta el cenote de Santa Ana, pero las fuerzas del general
Agustín León lograron desalojarlos. Este sería
un triunfo transitorio. Don Miguel Bolio y Don Angel Rosado
combinaron una expedición doble; el primero atacaría
a Dzitnup, de obtener éxito, se dirigiría a
Chichimila, cuartel general del caudillo Maya don Cecilio
Chi, a donde irían don Angel Rosado tan pronto tuviese
noticias de que el golpe de Dzitnup había salido bien
y entre ambos atacarían a Chi. Salió Bolio con
los oficiales Joaquín Mezquita, Manuel Iturraran, Antonio
Cepeda Peraza, Francisco Oviedo y Juan Rosado Sierra. En Dzitnup,
después de un triunfo engañoso, fueron atacados
por numerosos indios y tuvieron que retirarse con grandes
pérdidas. Se produjo un incendio en Valladolid y Rosado
lo tomó como señal de triunfo, por lo que emprendió
camino a Chichimila, en donde murió. Al darse cuenta
del gran número de bajas y de la pérdida de
dos importantes jefes, el desaliento cundió en todo
Valladolid y los habitantes decidieron evacuar la población.
En una noche se acordó la huida para el día
siguiente, el día 14 de marzo de 1848. A la salida
del sol el coronel Pastor Gamboa con 500 hombres y dos piezas
de artillería, se internó por el camino a Espita
para abrir paso a la población civil. Luchando palmo
a palmo, rompió el cerco de indígenas y se inició
la marcha de la caravana. A la retaguardia otra sección
de tropa al mando del coronel Trujillo protegió la
retirada.
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